"Esperaré siempre tu regreso" un cómic de un republicano español que sobrevivió al holocausto nazi

jueves, 29 de diciembre de 2016
Paco Aura es un Alcoyano de 98 años, uno más de los miles de republicanos que se vieron forzados al exilio, exiliado en Francia y Suiza, tuvo que pasar más de cuatro años en el campo de concentración de Mauthausen donde murieron más de 7.000 republicanos españoles. Un exiliado republicano que al igual que lo hacen hoy en día los exiliados sirios sintió la ignorancia y el rechazo de aquellos países a donde trataba de buscar cobijo. La vida de Aura fue una lucha constante por la vida que ha quedado reflejada en el cómic "Esperaré siempre tu regreso" escrito y dibujado por su paisano Jordi Peidró y que nada más salir a la venta se agotó y está a la espera de una segunda edición.

Paco Aura se propuso cuando fue liberado de Mauthausen no olvidar nunca aquella barbarie y así se dispuso para contar su historia en colegios, institutos, universidades y medios de comunicación hasta que un día, Jordi Peidró al oir aquellas historias decidió que tenía que ser contada y que mejor forma de hacerlo que a través del cómic, "Pensé que el tebeo podría llegar a más gente o, por lo menos a gente distinta", afirma Peidró.

Así surge "Esperaré siempre tu regreso" una frase de una canción de la época, "J'attendrai" de Rina Ketty, canción que tocaba la orquesta del campo de concentración de Mauthausen mientras ejecutaban a los prisioneros.


La historia de Paco Aura empieza a los 17 años, cuando se dispuso a defender la República durante la guerra civil, forzado al exilio, finalmente capturado por los nazis y llevado en uno de aquellos trenes de la muerte al campo de concentración de Mauthausen. El hambre, el frío, las atrocidades de los nazis, deshumanizado, intentar vivir cuando estás muerto en vida son las constantes sobre las que se reflexiona en esta novela gráfica, "después de lo de las acuarelas, decido utilizar pocos colores y que el color sea descriptivo de los sentimientos, con paletas de color, muy limitadas, evitando el naturalismo y la caricatura, pero buscando la expresividad del dolor de los personajes, de los cadáveres", cuenta Peidró, más acostumbrado a un dibujo más amable en obras como "El ojo del africano" o "La bahía del ahorcado".




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